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Lo que no te cuentan sobre la carne que compras en el súper

Actualizado: 15 nov


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No vamos a mentir: nos gustaría que todo el mundo comiera carne de pasto. Pero entendemos perfectamente que no todo el mundo puede permitírselo, y que la industria cárnica convencional existe porque da respuesta a una demanda real de proteína asequible. Dicho esto, creemos que la gente tiene derecho a saber qué hay realmente detrás de ese filete que cuesta la mitad que el nuestro.

No se trata de demonizar a nadie. Se trata de entender el sistema.


Lo que significa "carne convencional"

Cuando compras carne en el supermercado, salvo que tenga un sello específico que indique lo contrario, lo más probable es que venga de animales criados en sistemas intensivos. Esto significa naves de cría con alta densidad de animales, sin acceso al exterior, alimentados principalmente con piensos industriales a base de cereales, soja y subproductos.

¿Por qué se hace así? Por eficiencia económica. Un ternero en cebadero intensivo puede estar listo para el matadero en 12-14 meses. El nuestro necesita 24-30 meses. Obviamente, acelerar el proceso reduce costes. Pero también cambia radicalmente el producto final.


El problema de los piensos (y lo que no sabes)

Los rumiantes —vacas, ovejas, cabras— llevan millones de años comiendo hierba. Su sistema digestivo está diseñado para eso. Tienen cuatro estómagos especializados en fermentar celulosa y convertir pasto en proteína de alta calidad. Es un sistema perfecto... para digerir hierba.

Cuando les das cereales y piensos industriales, ese sistema se desajusta. Los cereales acidifican el rumen, lo que genera problemas digestivos, reduce su inmunidad y hace que los animales necesiten antibióticos con más frecuencia. También cambia completamente el perfil nutricional de su carne: menos omega-3, menos CLA, menos vitaminas, peor ratio de grasas.

Y luego está el tema del origen de esos piensos. Muchos contienen soja importada de Sudamérica —a menudo procedente de zonas deforestadas—, harinas de origen incierto, e incluso subproductos industriales. Hemos visto documentación de cebaderos que usan desde restos de panadería hasta caramelos caducados. Legalmente permitido, nutricionalmente cuestionable.


La vida en una nave

Hablemos claro: los animales en sistemas intensivos no viven mal porque los ganaderos sean crueles. Viven mal porque el sistema prioriza la productividad sobre el bienestar. Alta densidad, poco espacio por animal, suelo de hormigón o rejilla, luz artificial, ambiente cargado de amoníaco por la acumulación de purines.

Un ternero en estas condiciones no puede expresar sus comportamientos naturales: no pasta, no explora, no socializa adecuadamente. El estrés es constante. Y ese estrés no solo es una cuestión ética: también afecta a la calidad de la carne. Un animal estresado genera cortisol, lo que hace la carne más dura y menos sabrosa.


El coste medioambiental que no ves en el precio

La ganadería intensiva tiene una huella ecológica enorme que no se refleja en el precio de venta. Hablamos de:

  • Importación masiva de piensos: Millones de toneladas de soja y cereales que viajan miles de kilómetros, con su correspondiente huella de carbono.

  • Gestión de purines: La concentración de animales genera cantidades ingentes de residuos que contaminan suelos y acuíferos si no se gestionan adecuadamente (y muchas veces no se hace).

  • Deforestación indirecta: Gran parte de la soja para piensos viene de zonas donde se ha talado selva amazónica.

  • Emisiones de metano: Aunque todos los rumiantes emiten metano, los alimentados con grano emiten más por kilo de carne producida que los de pasto.

  • Dependencia de antibióticos: El uso preventivo de antibióticos en ganadería intensiva está contribuyendo al desarrollo de bacterias resistentes, una de las mayores amenazas sanitarias del siglo XXI según la OMS.


¿Y el sabor? ¿Y los nutrientes?

La carne de sistemas intensivos es más pálida, más acuosa, con más grasa visible y menos marmoleado. El sabor es más neutro, menos complejo. Nutricionalmente es más pobre: menos omega-3, menos CLA, menos vitaminas E y A, menos antioxidantes, peor ratio de grasas saturadas.

No es que sea "mala" carne en sentido absoluto. Es simplemente muy inferior a lo que podría ser. Es como comparar un tomate de invernadero en febrero con uno de huerta en agosto: técnicamente ambos son tomates, pero la experiencia es completamente diferente.


¿Y los sellos de calidad?

Existen sellos como IGP (Indicación Geográfica Protegida), ecológico, etc., que establecen ciertos estándares. Son sin duda mejor opción que la carne industrial sin certificar: suelen garantizar trazabilidad, ciertos requisitos de alimentación y bienestar, y controles veterinarios más estrictos.

Pero incluso dentro de estos sellos, hay mucha variabilidad. "Ecológico" no significa necesariamente "criado en pasto". Puede significar simplemente que los piensos son ecológicos pero el animal sigue estabulado. Hay que leer la letra pequeña.


La mejor opción sigue siendo el pasto

Nosotros lo tenemos claro: la carne de animales criados 100% en pasto, al aire libre, sin piensos ni confinamiento, es nutricionalmente superior, ambientalmente más sostenible, y éticamente más defendible. No es nostalgia ni romanticismo: es biología básica. Los rumiantes están hechos para comer hierba, vivir al aire libre y moverse. Cuando se lo permitimos, todo mejora: su salud, la calidad de la carne, el impacto ambiental y el bienestar animal.

¿Es más cara? Sí. ¿Vale la diferencia? Cada persona que la prueba suele responder esa pregunta con su cartera la siguiente vez que compra.


No te estamos diciendo que no compres carne convencional

Entendemos que hay presupuestos ajustados, familias grandes, situaciones en las que el precio es determinante. No juzgamos a nadie por comprar la carne que puede permitirse. Pero sí creemos que tienes derecho a saber qué estás comprando realmente.

Y si puedes elegir, aunque sea una vez al mes en lugar de cada semana, la carne de pasto es una inversión en tu salud, en el bienestar animal y en un modelo de producción que regenera en lugar de degradar.

La información es poder. Ahora ya sabes un poco más.

 
 
 

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